Nervio óptico
Nervus opticus
Definición
El nervio óptico (II) es un nervio sensorial que conecta el globo ocular con el encéfalo, y sirve como vía de transmisión neural para el sentido de la vista.
Número: II
Nombre: Óptico
Sensorial, motor o ambos: Solo sensorial
Origen: Células ganglionares de la retina
Núcleo: Núcleo geniculado lateral
Función: Transmitir las señales visuales desde la retina del ojo hacia el encéfalo.
Descripción:
El nervio óptico se extiende desde el globo ocular hasta el quiasma óptico. No es un nervio en el sentido habitual, sino más bien un grueso fascículo de sustancia blanca perteneciente al diencéfalo, envuelto en una robusta vaina meníngea. Se origina directamente del pedículo de la vesícula óptica embrionaria, la cual es invadida por fibras que provienen de la retina y se proyectan hacia el metatálamo.
El nervio óptico está compuesto por fibras que surgen de los neurocitos multipolares de la capa de células ganglionares de la retina, la cual representa su origen. El nervio, aún constituido por múltiples fascículos diferenciados, atraviesa la esclera y luego recorre una dirección mediocaudal, formando una doble curvatura que le permite adaptarse a los movimientos del globo ocular. Posteriormente, alcanza y atraviesa el canal óptico. Al salir del canal, penetra en la cavidad craneal y recorre una corta distancia hasta el quiasma óptico.
El nervio óptico se divide clásicamente en cuatro segmentos:
intrascleral,
orbitario,
intraóseo,
intracraneal.
El segmento intrascleral, el más corto, es donde se forma el nervio. Las fibras de la capa de células ganglionares, situadas por debajo de la membrana limitante interna, convergen hacia el disco óptico. Se agrupan en pequeños fascículos que se curvan hacia afuera, atraviesan la coroides —que los rodea— y penetran en el área cribosa de la esclera.
El segmento orbitario es siempre el más largo. En esta porción, el nervio tiene una sección transversal circular y un diámetro de 5 a 6 mm en el caballo y el buey, de aproximadamente 2 mm en el cerdo y el perro, y de alrededor de 1 mm o algo más en el gato y el conejo. En los mamíferos domésticos, este segmento se encuentra dentro de tejido adiposo y está rodeado por los fascículos del músculo retractor del globo del ojo, que lo separa de los cuatro músculos rectos del ojo. En los seres humanos, que carecen de músculo retractor del globo del ojo, el nervio óptico está rodeado directamente por estos músculos rectos. También está estrechamente acompañado por vasos y nervios ciliares, con el ganglio ciliar situado lateralmente.
El segmento intraóseo, que varía desde unos pocos milímetros hasta más de un centímetro según la especie, atraviesa el canal óptico acompañado únicamente por la arteria oftálmica interna, situada ventralmente.
El segmento intracraneal, también corto, es donde el nervio pierde su vaina meníngea. Cubierto únicamente por la piamadre, continúa a través del espacio subaracnoideo hasta el quiasma óptico. Más allá del quiasma, sus fibras divergen de manera compleja y específica según la especie, y la mayoría continúa hacia los tractos ópticos.
El nervio óptico posee una estructura singular. Está envuelto en capas meníngeas y sus fibras se asemejan más a las de la sustancia blanca que a las de los nervios periféricos típicos.
Está compuesto por fibras muy finas, la mayoría con un diámetro de 1 a 2 µm, agrupadas en numerosos fascículos pequeños. Estas fibras mielinizadas, a diferencia de las de otros nervios pero al igual que las de la sustancia blanca, carecen de neurilema. Los fascículos son longitudinales y están organizados con una disposición retinotópica, lo que significa que las fibras de cada cuadrante de la retina conservan su posición relativa dentro del nervio. Esta organización se altera de manera significativa en el quiasma óptico, donde se produce un entrecruzamiento parcial cuya extensión y patrón varían considerablemente entre especies. En general, en los mamíferos, cada tracto óptico contiene fibras de los cuadrantes laterales de la retina ipsilateral y de los cuadrantes mediales de la retina contralateral. La mayoría de las fibras (la raíz lateral del tracto óptico) terminan en el cuerpo geniculado lateral, mientras que otras (la raíz medial) se proyectan hacia el colículo rostral y diversos núcleos del mesencéfalo. Este último grupo no interviene en la vista propiamente dicha, sino que media reflejos esenciales para la función visual. También se han identificado en el nervio óptico algunas fibras centrífugas dirigidas hacia el ojo. Su origen y función no se comprenden del todo, pero en las aves, donde han sido mejor estudiadas, se originan en un grupo específico de neurocitos en el mesencéfalo caudal.
En su porción intracraneal, el nervio óptico está cubierto únicamente por la piamadre. Sin embargo, esta capa meníngea se extiende más allá del cráneo. Al penetrar en el canal óptico, se une a la aracnoides y a la duramadre, formando una vaina que envuelve al nervio hasta el globo ocular. Cada capa de esta vaina se continúa con una de las capas de la pared del globo ocular. La capa externa, continua con la duramadre, es de naturaleza fibrosa. Acompaña a los nervios y vasos ciliares y se fija a la esclera. La capa media, continua con la aracnoides, es delgada y delicada, separada de la duramadre por un espacio subdural virtual y de la piamadre por un espacio subaracnoideo más amplio. La capa más interna, la piamadre, alberga una densa red de microvasos y numerosas fibras de colágeno, más abundantes que en otras regiones meníngeas. Esta piamadre actúa como epineuro; su superficie interna envía numerosos tabiques hacia el interior del nervio, formando el perineuro y el endoneuro alrededor de los fascículos de fibras.
El aporte vascular del nervio óptico es doble. La red vascular de la capa profunda de la vaina meníngea se extiende hacia los tabiques y sus subdivisiones, formando un rico lecho capilar. Estos capilares se anastomosan con los de la arteria central de la retina, cuyo origen y punto de entrada varían según la especie y que incluso puede estar ausente en algunas. Esta arteria discurre por el núcleo central del nervio, atraviesa el área cribosa de la esclera y vasculariza las porciones adyacentes de la retina. Su contribución a la vascularización del nervio es mínima. Una vena central de la retina acompaña a esta arteria. En los mamíferos domésticos, sin embargo, las arterias permanecen en la superficie del nervio y penetran en la esclera mediante múltiples ramas, las cuales irrigan las capas internas de la retina.
Referencias
Barone R, Simoens P. Anatomie comparée des mammifères domestiques, Tome 7, Neurologie II, Vigot, Paris, 2010.